Primer sonido del teléfono, medito. A ti, a ti ya no te pregunto... te contesto. Segundo todo y mi corazón empieza a latir cada vez más veloz, igual que la última vez que toque tus mejillas. Tercer toque, no aguanto más, años de idas y venidas han dado como resultado sentimientos que nunca dejarán mi alma tranquila. Hola-. manifiesta tu voz a 13000 años luz del tiempo presente. Contesto... ¿Como estas?-. digo fingiendo serenidad, mientras que mis piernas se quiebran lentamente. Bien-. respondes algo impaciente.... Y ¿esta llamada a que se debe?-. ahora preguntas tu. Contesto que ningún motivo me lleva a ello, miento... Si hay algo que me impulsa, quiero saber como estas, si me extrañas después del pasado y si tu vida ha cambiado... No pregunto, contesto. La conversación fluye y llega el momento. Cuelgo. Sentada en el suelo visualizo en mi pantalla personal la película rebobinada... recuerdos buenos, malos, pero no lo evito, eres vitamina para un corazón desanimado. Tus palabras calan hondo, pero las guardo al igual que la última carta, la figura de papel y la estrella que busqué tantas noches escuchando las olas del mar. Pasos adelante he dado bastantes. Me pongo de pie, camino y llego a mi rincón favorito. El reencuentro puede que pronto se produzca y si buscas algo más claro que estas palabras mira la pecera que decora tu cabeza.
Ahora sí, no como antes, me apetece un bombón de chocolate.


